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martes, 29 de mayo de 2012

It WILL hurt more than a pinch

Ayer hice de tripas corazón, llevé acabo una hazaña impropia de mí, de mi cobardía, de mi fragilidad. Vale... igual no fue para tanto, pero fue algo que pese a parecer muy tonto, fue muy importante para mí. Volviendo a casa de ver a Peter y Miki (me hizo toda la ilu) escuché en el iPod una canción que llevaba año y algo sin escuchar por voluntad propia. Ayer decidí que ya era hora de dejarse de tonterías y, a riesgo de ponerme a llorar en mitad de la calle, volví atrás después de pasarla de forma automática.

El resultado fueron unas interesantes reflexiones y un par de lagrimitas o tres que no permití que fueran a más. Cuando el problema no es que no das suficiente de ti sino que das mucho, no hay nada que hacer. No hay forma de luchar ni esforzarse porque cualquier lucha y esfuerzo sólo conseguirán empeorar la situación. Y de hecho, tal vez lo mejor sea no hacer nada. Tal ver sea todo una de esas relaciones extrañas de ahora sí-ahora no, de "ahora estoy tranquila porque no estás en mi vida y entonces llegas y vuelves mi mundo del revés y luego te vas otra vez hasta dentro de otros tantos años". Me recuerda un poco a Carrie y Mr. Big de Sex and the City, sólo que no creo que todo esto vaya a tener un final feliz después de muchos años y lágrimas (o quizás sí, quién sabe... o quizás simplemente no querría). Tengo que meditar sobre todos esos quizases y talveces todavía, a ver qué puedo sacar en claro.

Voy a empezar a leer Manifiesto Hedonista, de Esperanza Guisán (me lo compré una mañana de invierno, hará dos meses, y ahí seguía en su montón filosófico, bajo a Ortega y Nietzsche). Tal vez me sirva para aclarar un poco mi crisis existencial actual, o tal vez para liarme más la cabeza. De momento me he puesto un post-it encima de la cama que me anima a sonreír al despertarme

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