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martes, 29 de mayo de 2012

Trust No Men, Little Dove

La reina tomó la cabeza de su hija entre sus manos, sus cabellos como rayos de sol flotando alrededor. La atrajo entonces hacia su regazo y le dijo:

- No confíes en ningún hombre, palomita. No confíes en ellos pues tú tienes lo que ellos desean, pero ellos tienen lo que tú necesitas. Una vez que pruebes de sus labios qué es eso que ellos tienen, no podrás vivir sin él. Pero ellos, ellos pueden encontrar lo que quieren en cualquier otra mujer, cuando tú solo puedes tenerlo de un hombre, uno y no más. No confíes en ningún hombre, palomita, pues cuando los necesites no estarán, porque es un precio muy caro para lo que quieren darte lo que tienes, y pocos están dispuestos a pagarlo. No confíes en ellos pues una vez que has probado el amor, no hay peor vida que la que se vive sin él.

- ¿Qué debo hacer entonces, madre? - preguntó la princesa, mirando hacia la reina desde el suelo. Si bien era cierto que era la mujer más hermosa que había visto nunca, también sabía que no dejaba que ningún hombre se acercara a ella.

- Vuela alto, palomita, vuela lejos de sus manos, sus espadas, sus labios. Vuela lejos de ellos pues las flores se marchitan y las palabras se van con el viento. Sé inmune a sus miradas y fría ante sus halagos y, si ves que no puedes, vuela lejos.

La reina entonces se marchó a sus aposentos, cerrando la puerta tras ella. Contempló las flores, marchitas desde hacía tanto que no recordaba la última vez que tuvieron vida, la espada oxidada y la ventana abierta que hacía ondear las cortinas, y se arrojó a su cama a llorar, jurando que no dejaría que a su hija la hirieran como la habían herido a ella. Esa herida que es mortal pero no te mata, que sangra gota a gota, haciendo insoportable cada segundo de vida.

Entrada inspirada en la reina Cersei y en los acontecimientos pasados, los presentes y los futuros. 

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